suigéneris


 




 

miércoles, marzo 20, 2002

La primavera llegó ayer a media tarde; la vi de reojo en la ventana y cerré apresuradamente. Ya sé que no puedo mantenerla fuera de por vida, pero me alegré de haberle ganado, al menos un día... No duró ni eso; a los diez minutos me sorprendió cayendo delante del teclado; aparté la silla y retrocedí -poco a poco voy superando mi fobia: el año pasado me encerré en el baño-. Decidí no gastar esta vez media botella de desodorante en aniquilarla y tomé una determinación: me fui de casa -está bien, no la voy superando-. Leí los nombres de un par de calles, compré el pan, y cuando estuve de vuelta ya había desaparecido. Sé que, viva o muerta, estrá en algún rincón de la casa, pero me conformo con no verla.

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