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martes, febrero 26, 2002
¿Siente usted remordimientos por cerrar los ojos y pensar en otra? No se preocupe, a Schopenhauer también le pasaba...
El mero deseo no aporta testimonio alguno sobre la maldad de nuestra voluntad, siendo esto algo que sólo sabe hacer el acto. Pues éste es el resultado del motivo y del talante, originándose además en la consciencia del presente; por ello es tan escasamente libre como las actuaciones de los animales, quienes no poseen otra consciencia salvo la del presente. Pero el acto, habida cuenta de que la razón nunca nos abandona del todo y toda acción precisa de cierta meditación, constituye siempre un resultado de nuestra volición global y representa una expresión de la misma; por eso supone únicamente la impornta de nuestra voluntad, la cual nos brinda un irrefutable testimonio contra nosotros mismos, al oficiar como espejo de nuestro yo, y que recibe el nombre de consciencia moral.
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